domingo, 29 de enero de 2012

La Espada de Goliat


Era una tarde soleada en Efes-Damin, el gigante se disponía a realizar aquella tarea que lo llenaba de satisfacción desde hace ya cuarenta días, se preparo como lo había hecho ese mismo día en la mañana, se coloco su casco, su cota, sus grebas y jabalina, tomo también su lanza y procedió a darle los últimos toques a su espada que con esmero, afilaba cada vez que se dirigía al valle de Ela, después de todo su espada debía estar lista para derramar la sangre de cualquiera de sus enemigos que se atreviera a enfrentarlo.

Finalmente llego a ese mismo lugar ya tan conocido por el, con el deseo de que al fin alguien respondiera a sus provocaciones, pero con la seguridad de que como siempre no habría quien lo hiciera y entonces exclamo: “…¿Para qué os habéis puesto en orden de batalla? ¿No soy yo el filisteo, y vosotros los siervos de Saúl? Escoged de entre vosotros un hombre que venga contra mí. Si él pudiere pelear conmigo, y me venciere, nosotros seremos vuestros siervos; y si yo pudiere más que él, y lo venciere, vosotros seréis nuestros siervos y nos serviréis. Y añadió el filisteo: Hoy yo he desafiado al campamento de Israel; dadme un hombre que pelee conmigo.” (1 Sa. 17:8-10)

Como siempre, ya en su basta experiencia, pudo observar el miedo en el rostro de todo aquel ejercito, estaba a punto de volver con los suyos cuando de pronto escucho algo, una voz suave de un joven pastor, no era soldado y no traía el armamento necesario para la batalla, el cual le dijo: “…Tú vienes a mí con espada y lanza y jabalina; mas yo vengo a ti en el nombre de Jehová de los ejércitos, el Dios de los escuadrones de Israel, a quien tú has provocado. Jehová te entregará hoy en mi mano, y yo te venceré, y te cortaré la cabeza, y daré hoy los cuerpos de los filisteos a las aves del cielo y a las bestias de la tierra; y toda la tierra sabrá que hay Dios en Israel. Y sabrá toda esta congregación que Jehová no salva con espada y con lanza; porque de Jehová es la batalla, y él os entregará en nuestras manos.” (1 Sa. 17:45-47)

Esto provoco la risa de aquel gigante musculoso de mas de 2.5 metros, confiado en su fuerza y su espada, entonces se abalanzo contra aquel pastor llamado David, el cual fue mas rápido que el guerrero disparándole con su honda una piedra en la frente, la cual le provoco la muerte, en ese mismo instante “…corrió David y se puso sobre el filisteo; y tomando la espada de él y sacándola de su vaina, lo acabó de matar, y le cortó con ella la cabeza...” (1 Sa. 17:51)

Satanás es un enemigo grande en contra nuestra, astuto y despiadado, el cual tiene muchas espadas con las cuales quiere matarnos física y espiritualmente, sin embargo, hoy nuestro Dios utiliza esas mismas espadas en contra de el mismo, tal y como hizo con Goliat.

¿Cuáles son esas espadas? La enfermedad, los problemas económicos, la discordia, las perversiones, la maldad en el mundo, los desastres naturales, entre muchísimas otras armas forjadas contra nosotros, todas las cuales se vuelven bendición a nuestro favor, utilizando nuestra arma mas importante, nuestra honda y piedra, la cual es: la fe.

Cuando Pedro y Juan, llenos del Espíritu Santo, encontraron un cojo de nacimiento mendigando afuera del templo, no vieron la condición o el problema del tal enfermo, ellos vieron el poder de Dios en el nombre de nuestro Señor Jesucristo, por medio del cual extendieron su mano levantándole, siendo sanado en ese mismo instante. Es posible que los que conocían a este hombre lo vieran como un caso perdido, seguramente Satanás estaba feliz con la condición en la que se encontraba, sin embargo ¿Qué sucedió después? “…y saltando, se puso en pie y anduvo; y entró con ellos en el templo, andando, y saltando, y alabando a Dios. Y todo el pueblo le vio andar y alabar a Dios.” (Hc. 3:8-9)

Satanás no lo sabia, pero aquella maldición de aquel hombre, se convirtió en bendición para muchos, ya que muchos se convirtieron en aquella hora por lo que habían visto y por la predicación de los apóstoles después del milagro.

Una de las espadas mas comúnmente utilizadas por Satanás es la persecución contra la iglesia, pero ¿Cuál ha sido el resultado? Pues el resultado es que el evangelio ha sido llevado y predicado por todo el mundo por creyentes que han huido en medio de la persecución.

Y así podemos mencionar muchísimos ejemplos mas, sin embargo quiero preguntarte ahora: ¿Cuál es la espada que el enemigo tiene contra ti?

Déjame decirte que hoy, esa misma arma, se vuelve contra tus enemigos y la maldición se vuelve bendición y la derrota se vuelve victoria.

“Ninguna arma forjada contra ti prosperará, y condenarás toda lengua que se levante contra ti en juicio. Esta es la herencia de los siervos de Jehová…” (Isa. 54:17) “Levántate, resplandece; porque ha venido tu luz, y la gloria de Jehová ha nacido sobre ti. Porque he aquí que tinieblas cubrirán la tierra, y oscuridad las naciones; mas sobre ti amanecerá Jehová, y sobre ti será vista su gloria.” (Isa. 60:1-2)

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